• Antonio Aldama visto por Javier Gutierrez Compañon

Antonio Aldama visto por Javier Gutierrez Compañon

HOMENAJE  A ANTONIO ALDAMA

(Ofrecido por los amigos de LA COSECHA DEL 48)
Llodio 20 junio de 2014.

Vaya por delante que hoy, aquí y ahora, estoy absolutamente feliz en este homenaje a Antonio Aldama. Feliz por el reconocimiento y feliz por acompañarte, Antonio.
No me había enterado de este merecido homenaje hasta que Juanjo, haciendo de intermediario, me pidió que glosara la figura artística de Antonio. Él se encargaría de la faceta personal.
Considero que la división faceta personal y faceta artística probablemente es imposible; imposible deslindarlas….yo, además, no creo en ello. La persona es la argamasa que une, conforma y da consistencia a todas las facetas de la vida. Por ello, y más en el caso de Antonio, me resulta tarea imposible, pues persona y artista, son indisolubles. Antonio es ARTISTA  (con mayúsculas). Ha vivido desde hace años artista u morirá, Dios quiera que dentro de muchos años- genes longevos tiene- artista y con los pinceles en la mano.
Dado que Juanjo ha abierto plaza, como siempre con brillantez, centrándose fundamentalmente en la persona, voy a tratar de seguir la faena glosando persona y arte como un todo. Así cumplo, aunque sea a mi manera, con el encargo.
Pero, previamente a hacerlo, quiero manifestar mi reconocimiento a los amigos de La Cosecha del 48. Compatibilizar como hacéis vosotros la amistad, la convivencia, la fiesta, con el recuerdo y homenaje a nuestros conciudadanos ejemplares es meritorio y debiera ser aplaudido e imitado. Más en estos tiempos en los que no es la solidaridad la que prevalece en nuestra sociedad, excesivamente individualista.
Entrando en faena, a Antonio le conocí, allá por el 70 o 71, en la Sala de Exposiciones que tenía la Caja en su edificio del Crucero, creo que en la 1ª planta. Se había organizado una exposición abierta a cuanto pintor llodiano lo deseara –en realidad, en aquella época, a diferencia de la proliferación actual, éramos cuatro y sin tambor- y allí me presenté con mi primer cuadro, con el que iniciaba la andadura para llenar las vacías paredes de mi recién estrenado hogar, tras venir a trabajar y vivir a Llodio. Me gustaba la pintura y sabía distinguir lo bueno ( que no podía comprar), de lo malo ( que no colgaría ni regalado). Por ello, porque lo bueno no podía y lo que podía consideraba malo, y en este toma y daca, las paredes lucían blancas, blanquísimas, mi mujer me puso a pintar. Me compró pinceles, colores y un tablero, por cierto hermoso, de metro veinte por metro ochenta. ¡ Qué poco romántica forma de iniciarme como artista!, y como condicionó mi tendencia a los grandes formatos. ( Está demostrado que detrás de toda gran mujer hay un hombre, o así debiera decirse).
En aquella exposición, la obra de Antonio destacaba claramente. Allí se cruzaron por primera vez nuestros caminos y creo que, de aquel encuentro, surgieron dos elementos: el embrión de una posterior amistad y un estímulo mutuo para pintar. Desde entonces, más de 40 años, mucho ha llovido y escampado…pero ambas cosas permanecen acrecentadas – al menos en mi caso- ; amistad y estímulo. Para una trayectoria artística como la mía similar al curso del Guadiana, con desapariciones prolongadas, Antonio, además de un amigo, es un estímulo,  una invitación a retomar los pinceles,  una llamada al trabajo; mi pepito grillo.
Y es que en Antonio, y después de reflexionar, el trabajo prevalece sobre cualquiera otra consideración. Antonio es trabajo, trabajo y trabajo. Disciplina como armazón, y sacrificio, esfuerzo y tesón como hilaturas con que tejer el tapiz de su amplísima obra. Me viene a la cabeza, al respecto de su capacidad de trabajo, una anécdota sobre otro gran trabajador y Premio Nobel de Medicina,  D.Santiago Ramón y Cajal. Tras una brillante conferencia explicando sus investigaciones, unas señoras se dirigieron a él halagándole, “hay D.Santiago,¡ qué cabeza la suya!”. “No señoras, ¡qué culo!” les rebatió. Antonio, como D. Santiago, ha tenido y tiene un gran culo; pinta sentado, y lo hace durante muchas horas.
Por ello, conozco pocas personas de quienes se pueda saber siempre donde están y qué están haciendo. Su jornada pictórica es irrenunciable. Luego vendrán sus paseítos: a mediodía sin Joaqui – es la hora de los chiquitos-, y a la tarde con Joaqui…. pero luego, tras haber cumplido previamente con el trabajo.
Un trabajo absolutamente centrado y sincero. La sinceridad es la segunda virtud de Antonio. Sinceridad en relación con las personas, lo cual a veces puede resultar duro, pero Antonio es así, lo tomas o lo dejas. Recuerdo la primera vez que fuimos juntos a pintar a Guadalajara, yo había estado antes y me gustaba mucho,….. pero a él no le gustó la zona, me dinamitó la salida y me amargó el viaje. Luego, a la vuelta, en el antiguo batxoki, le armé la de S.Quintín. Pero ahí quedó el tema; como dicen los futbolistas, en el vestuario.
Pero me quiero referir, sobre todo, a su sinceridad como artista. Tiene sus conceptos claros, su concepción de la pintura, del paisaje, de nuestros personajes y bien sea con el dibujo como con el óleo, profundiza en ello machaconamente sin importarle lo que se mueva, opine o pontifique a su alrededor. El pinta mirando hacia su interior. A modo de demostración, la época de los concursos de pintura al aire libre. Algunos gana-concursos trataban de saber quienes iban a ser los miembros del jurado para pintar según sus gustos. Antonio siempre pintó igual, sin importarle la composición del jurado. Él pintaba, no trataba de dar gusto a nadie –y a pesar de ello ganó muchos premios-, y así lo ha continuado haciendo en su larga carrera artística.
Ciertamente que su sinceridad le hace, a veces, un poco talibán del arte, pero lo prefiero a los falsos, engañabobos y asaltatrenes que llenan este mundillo. Hace años otro pintor amigo me llamó la atención en una exposición. Un galerista trataba de vender un cuadro muy caro a un cliente, cuadro que a mí no me gustaba, pero él calculaba, que por amistad y por el supuesto prestigio de ser pintor, yo le iba a ayudar en la venta. Me preguntó la opinión delante del cliente y le respondí que no entendía aquella pintura. Mi amigo pintor me oyó y en un aparte me dijo  “Guti, a ti no te gusta esto; es malo. Dilo; es la única forma de que no nos den gato por liebre hoy en el Arte”. Aprendí la lección. Antonio sin embargo, seguro que con ironía, puede que ácida, la sonrisa en la cara, la boca semitorcida, levantando el brazo como si espantara la tentación de mentir y dándole la espalda, le hubiera dicho que era una mierda….. y se hubiera quedado tranquilo y satisfecho.
( Imagino la cara que se les hubiese quedado al galerista y al cliente. Aunque estoy seguro que el galerista nunca se lo hubiera preguntado; le conoce demasiado bien a Antonio).
Antonio dice lo que piensa pero, sobre todo, y ello es lo importante, es coherente y actúa como piensa.
En todo caso, es muy difícil darle gato por liebre ; tiene, además, un 6º sentido para adelantarse y evitar situaciones incómodas. No entiende la sinceridad como agresión sino como fiabilidad de su persona, que junto con la generosidad, aseguren la amistad.
Antonio es sincero y es generoso y por donde haya ido ha dejado un rastro de amistad…. y buenos cuadros. Bien vendidos los más, y, no pocos, regalados (sin ruido, sin publicidad), para cuanta obra social, cultural o benéfica le hayan solicitado su ayuda. Generoso por naturaleza, ha sido, y es, una especie de ONG con caballete. Amigo de sus amigos, evita tener enemigos, pero no los compra si es el caso- Como decía, lo tomas o lo dejas, pero si lo tomas, no te va a fallar ni te vas a arrepentir.
Quizás por todo ello: trabajo, sinceridad, generosidad, descubrí, no hace mucho que es, por encima de todo, un MAESTRO. Me lo hizo ver otro llodiano, buena persona, colaborador y generoso donde los haya –que os propongo para futuro candidato a este reconocimiento-  Santi Lekanda. Escribió para el catálogo de la reciente exposición “ Miradas Reencontradas” que “ la madurez se la debía al Maestro Aldama”.
Reflexioné a partir de esta afirmación. ¿ Qué define a un maestro?.
Tener algo que enseñar. Algo valioso que trasmitir.
Tener capacidad y ganas de hacerlo.
Tener discípulos deseosos de seguir y aplicar sus enseñanzas.
Antonio me di cuenta que cumplía con estos requisitos:
Posee unos sólidos conocimientos, criterios claros y amplia obra en el mundo del Arte. Tiene personalidad, lenguaje y estilo propios. Un “Aldama” es inconfundible y así lo han entendido los centenares de personas que han adquirido sus obras.
Tiene capacidad y generosidad para enseñar a cuantos se acerquen a él en busca de ayuda, de consejo. Él no se va a publicitar ni sobrevalorar. Va a darte lo que posee desde la amistad y la humildad. Más de un pintor de la región – y de fuera de ella; me viene a la cabeza La Alberca, en Salamanca -, que han seguido carreras profesionales exitosas, han pintado desde detrás del caballete de Antonio, observado su forma de hacer, recibido sus consejos y sobre todo su apoyo.
Y, como acabo de explicar, Antonio ha tenido y tiene seguidores, aunque estos hayan – y así debe ser – seguido caminos diversos a partir de las enseñanzas de Antonio.
Antonio enseña a volar pero no te da el GPS con la ruta a seguir preestablecida. Se alegra de que sus discípulos desarrollen lenguajes propios, recorran caminos diversos y tropiecen en piedras no señaladas.

Por ello creo que es de justicia reconocer, con un tanto de envidia por mi parte, que es el pintor de Llodio, nuestro MAESTRO.
En fin Antonio, hoy es tu día, el de recoger sentimientos y atesorar afectos. Estamos aquí para decirte públicamente que te apreciamos, agradecemos y admiramos. Apreciamos tu forma de ser, agradecemos tu amistad y admiramos tu maestría. Somos, en definitiva, discípulos y amigos.
Eskerrik asko Antonio. Zorionak lagun.

JAVIER GUTIERREZ COMPAÑON

Un comentario

  1. yo Says :

    8 marzo, 2021 at 11:35 am

    le amo a mi aitite

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